• ¿Cuándo?

En cualquier momento y lugar, siempre que quieras hidratar, refrescar y calmar la piel del rostro y el cuerpo. Te das un toque y te sale una sonrisa.

Llévala en el bolso al trabajo, al gimnasio, a la playa… Calma la deshidratación en el avión y el estrés cutáneo por la contaminación urbana. ¿Y en invierno? Para contrarrestar la sequedad del frío y de la calefacción a tope. ¡Siempre hidratada!

La bruma también te acompaña en tu ritual de belleza diario, dándote un momento de bienestar y frescura después de lavarte la cara y antes de mimarte con la hidratante o el sérum.
Y de remate, encima fija el maquillaje, haciendo que te dure impecable más tiempo y sin sensación de empolvado. Tienes muchas cosas que hacer como para andar preocupándote de retocarte.

• ¿Cómo?

¿Tú que crees? Después de agitar el frasco, pulveriza dos o tres toques a unos 10-15 cm del rostro. No hace falta extender.

Ah, y cierra los ojos. Consejo personal de una despistada.

Se siente la sensación de inmediato y se absorbe igual de rápido.

Y a seguir la jornada.